El Clarín

La brutalidad de las guardianas nazis en los campos de concentración

Relatos del horror

Prisioneras sobrevivientes de los campos de concentración de Auschwitz, Bergen-Belsen y Ravensbrück recuerdan la violencia y el terror que estas mujeres desplegaban.

Herta Bothe, Gertrud Sauer y Herta Ehlert transportan un prisionero muerto. Guardianas nazis. El lado femenino del mal» un libro de Mónica González Álvarez

Herta Bothe, Gertrud Sauer y Herta Ehlert transportan un prisionero muerto. Guardianas nazis. El lado femenino del mal» un libro de Mónica González Álvarez

Millones de prisioneras oprimidas en los cientos de campos de concentración de la Alemania nazi fueron hostigadas y vejadas porcientos de guardias mujeres que no son tan recordadas por como sus pares masculinos pero no por ello ejercían los castigos con menor violencia y maldad.

Para las prisioneras sobrevivientes de los campos de concentración de Auschwitz, Bergen-Belsen y Ravensbrück, nombres como Irma Grese, Maria Mandl y Dorothea Binz, entre muchos otros, no podrán ser jamás olvidados, cuenta una completa historia publicada por la revista estadounidense Time. Alguna de ellas desplegó más pánico y temor que incluso sus pares varones.

“(Ellas) golpeaban a las prisioneras, quienes eran casi tan delgadas como esqueletos, con un gran palo, les retenían los alimentos y les pegaban. También las mantenían de pie durante horas”, cuenta un escalofriante testimonio de lo que se vivía en esos campos de concentración.

De los 37.000 guardias que fueron parte activa de las SS alemanas quecastigaban, torturaban y mataban diariamente a prisioneras, aproximadamente el 10 por ciento eran mujeres. Algunas de estas guardias, incluyendo a Irma Grese, fueron condenados a muerte junto con sus colegas varones bajo los cargos de asesinato y crímenes y atrocidades contra la humanidad. Otros fueron condenados a penas de entre un año y cadena perpetua.

Pocos fueron absueltos. Su papel en el Tercer Reich estaba muy lejos de la propaganda Kinder, Küche, Kirche (niños, cocina, iglesia) incrustado en la filosofía nazi; ellos también eran engranajes de la máquina de matar del Holocausto que llevó a la muerte a al menos 1,5 millones de judíos.

Según Time, Irma Grese, conocida como la “hermosa bestia” de Belsen, era, según las acusaciones presentadas en el juicio de 1945, uno de los personajes “más siniestros y odiados” de los campos. Algunos testigos decían que ella solía golpear a las prisioneras hasta que las derrumbaba.

Pero ella no era la única. Cuenta Time que Renee Lacroux, una prisionera francesa confinada en Ravensbrück, relató cómo varias guardias mujeres mataban a las más débiles y maltrataban a otras tirándolas al suelo y pisoteándolas. Al igual que los guardias masculinos, las mujeres eran entrenadas para volverse más fuertes y castigar con severidad a las prisioneras si era necesario. Muchas se acostumbraron a golpear y patear prisioneras, en algunos casos hasta la muerte, con sus botas, palos, porras y, en el caso de  Irma Grese, con un látigo hecho de celofán. Otras eran las encargadas de administrar los experimentos de esterilizaciones letales y muchas estaban presentes en la selección de las prisioneras que iban a ser enviadas a las cámaras de gas.

No obstante, no todas las guardias se acostumbraron a la brutalidad. Hay algunos testimonios de sobrevivientes que mencionan la presencia de guardias “humanas”. Una guardia llamada  Krüger fue recordada por compartir comida con las trabajadoras de Ravensbrück. Y probablemente ese no haya sido un caso aislado, ya que las SS lanzaron una orden en la que les recordaban a las supervisoras que no debían tener relaciones personales con las prisioneras.

La pregunta es cómo fue que estas mujeres llegaron a convertirse en “sádicas” y “bestias”, según las describieron sobrevivientes. El mismo medio describe que Elisabeth Völkenrath, supervisora jefa de mujeres en Auschwitz y Bergen-Belsen, condenada a muerte en 1945, se desempeñó como una empleada no calificada antes de convertirse es esa cruel guardia.

Ruth Closius, también condenada a muerte por su crueldad, había soñado con convertirse en  enfermera, pero como debió dejar la escuela antes de tiempo, se convirtió en una vendedora en un comercio textil. Por su parte, la ya mencionada Irma Grese trabajó en una granja de productos lácteos después abandonar su hogar a los 15 años.

Muy pocas pertenecían al partido nazi, a diferencia de sus pares varones que en su mayoría adoraban esa doctrina. Menos del cinco por ciento de estas mujeres pertenecían al partido. Antes de convertirse en las monstruosas guardias de campos de concentración nazi, casi todas las mujeres llevaban vidas sencillas y comunes. El nazismo las cambió y las sentenció de por vida.

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